11 julio 2025

El valor de la transmisión de saberes entre generaciones y en el valor de lo comunitario

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Estoy muy motivada por el proyecto que hemos obtenido en la convocatoria de subvenciones de la Fundació Autònoma Solidària "Projectes de Cooperació Interuniversitària i d’Educació per la
Justícia Global adreçats a països del Sud (Línia Sud)". En esta primera etapa nos encontramos desarrollando su fundamentación teórica en torno al Buen Vivir, una perspectiva que nos invita a revisar cómo entendemos el bienestar, la relación con el territorio, la vida comunitaria y los vínculos entre las personas y la naturaleza.

En este bloque hemos hablado de los saberes que nacen de la experiencia cotidiana y de formas de vida que con frecuencia ya existen, aunque no siempre sean reconocidas o nombradas. Esta sensibilidad se despertó con especial intensidad durante mi estancia en Noruega. Como peruana, conocer a las comunidades sámi me llevó a pensar en cuántos elementos compartían, desde contextos y trayectorias diferentes, con diversas comunidades andinas de América Latina.

Encontré resonancias en la manera de comprender el territorio como parte de la propia vida, en la relación estrecha con la naturaleza, en la transmisión de saberes entre generaciones y en el valor de lo comunitario. No se trata de equiparar experiencias distintas, sino de reconocer preguntas, sensibilidades y formas de habitar el mundo que pueden ponerse en diálogo.

Este proyecto parte de una convicción sencilla, pero profunda: las formas de vida que muchas comunidades rurales practican hoy —desde el cuidado, el respeto por la tierra, la reciprocidad y la solidaridad— ya contienen claves para pensar una vida buena. A veces, bajo la presión de lo urbano o de determinadas ideas de modernidad, se nos hace creer que lo valioso está fuera y que las respuestas proceden siempre de otros lugares o de otras formas de saber. Sin embargo, en las experiencias de las juventudes rurales existe una sabiduría que merece ser reconocida, compartida y puesta en diálogo.

Cuando hablamos de Buen Vivir, hablamos de formas de comprender el mundo que priorizan la convivencia, el equilibrio, el cuidado mutuo, el respeto por el entorno y el sentido colectivo de la vida. El Buen Vivir implica valorar aquello que ya se vive con dignidad y conciencia, al tiempo que se abren caminos para fortalecerlo, defenderlo y transformarlo.

El proyecto busca acompañar un proceso educativo que permita poner en palabras, compartir y analizar aquello que muchas veces ya se practica. No parte de un conocimiento externo que deba trasladarse a las comunidades, sino de las experiencias, las memorias y los saberes que las personas construyen en su vida cotidiana.

Las juventudes no son únicamente el futuro de sus comunidades. Forman parte activa de su presente. Cuidan animales y cultivos, sostienen relaciones familiares y comunitarias, conocen el territorio, defienden sus derechos, crean nuevas formas de comunicación y viven contradicciones y desafíos que merecen ser escuchados. Este proyecto quiere ofrecer un espacio para que esas experiencias tengan voz y puedan dialogar con ideas que ayuden a nombrar lo que ya está ocurriendo.

El Buen Vivir nos invita a imaginar otras formas de habitar el mundo, pero no desde la nada. Lo hace desde la memoria viva, desde el entorno que se pisa cada día, desde el cuerpo y desde la historia de cada persona. Por eso, pensar el Buen Vivir es también una oportunidad para reconocernos como parte de algo más amplio, donde la vida adquiere valor más allá del dinero, del éxito individual o de los modelos impuestos.

A lo largo de este proceso trataremos de tejer sentidos entre lo que ya se sabe, lo que se vive y aquello que se desea transformar. Las voces, los territorios y los afectos de las personas jóvenes serán el punto de partida para que esta reflexión colectiva tenga sentido.


Redes sociales, vínculos y capital social en comunidades de jóvenes

Este artículo nace del trabajo final de Máster de Laia Alguacil Mir, que después transformamos en una publicación científica. Compartíamos un interés común por el capital social, una temática que también estuvo presente en los inicios de mi tesis doctoral. Por eso, trabajar juntas en esta revisión sistemática fue una oportunidad para volver sobre una pregunta que sigue siendo muy actual: ¿cómo se construyen vínculos comunitarios en una sociedad atravesada por redes digitales?

El artículo “Redes sociales y vínculos: revisión sistemática (PRISMA) sobre el impacto del capital social en comunidades de jóvenes”, publicado en Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, analiza el potencial de las redes sociales para contribuir al desarrollo del capital social en comunidades virtuales de personas jóvenes.

Partimos de una idea sencilla: las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de la juventud y son espacios donde se crean relaciones, se comparten intereses, se construyen identidades y se articulan formas de participación. Desde la pedagogía social, esto nos interesa especialmente porque los vínculos no son un elemento secundario de la vida comunitaria. Son parte de las condiciones que permiten sostener apoyo, pertenencia, confianza, colaboración y participación.

Para analizar esta cuestión realizamos una revisión sistemática siguiendo la declaración PRISMA 2020. Se seleccionaron 18 estudios que cumplían los criterios de inclusión y exclusión. La revisión permitió observar cómo las redes sociales participan en la creación y el fortalecimiento de vínculos en comunidades virtuales de jóvenes.

Los resultados muestran que estas plataformas pueden favorecer distintas formas de capital social. En algunos casos refuerzan vínculos cercanos, asociados al apoyo y la confianza entre personas que ya mantienen una relación. En otros, amplían conexiones con nuevas personas, perspectivas y oportunidades. También pueden facilitar relaciones con instituciones, referentes o agentes que ocupan posiciones de mayor responsabilidad.

Un resultado relevante es que muchas comunidades virtuales juveniles se organizan de manera informal, sin una estructura previa, sin dinamización adulta y sin formación asociada. Esto muestra la capacidad de las personas jóvenes para generar redes, participar y sostener interacciones con sentido desde sus propias prácticas digitales.

Al mismo tiempo, el artículo permite matizar una idea frecuente: las redes sociales, por sí mismas, no generan capital social. Actúan como mediaciones. Lo que importa es la calidad de las interacciones, el sentido que las personas jóvenes atribuyen a la comunidad, la utilidad percibida de la plataforma y las posibilidades que esta ofrece para comunicarse, compartir contenidos, organizarse y participar.

Desde esta mirada, el capital social no se reduce a “tener contactos”. Habla de vínculos que pueden abrir oportunidades, sostener pertenencias, activar participación y fortalecer procesos comunitarios. En el caso de las personas jóvenes, estas dinámicas son especialmente importantes porque muchas de sus formas de expresión, organización y apoyo ya ocurren en espacios híbridos, entre lo presencial y lo digital.

La aportación del artículo está en ofrecer una lectura socioeducativa de las redes sociales. En lugar de observarlas únicamente desde sus riesgos o desde su uso instrumental, nos preguntamos por las condiciones en que pueden contribuir a generar vínculos, participación y sentido comunitario.

La pregunta que queda abierta es cómo acompañar estos procesos sin sustituir la autonomía juvenil, y cómo diseñar entornos digitales más conscientes de su capacidad para fortalecer comunidades.

Referencia

Alguacil Mir, L., & Valdivia-Vizarreta, P. (2025). Redes sociales y vínculos: revisión sistemática (PRISMA) sobre el impacto del capital social en comunidades de jóvenes. Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, (46), 210–227. https://doi.org/10.7179/PSRI_2025.46.12

08 julio 2025

Ecología de lo cotidiano y pedagogía social: aprender a transformar los modos de vida

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Notas de la lectura: L’écologie au quotidien, de Michelle Dobré (2002)

Hablar de sostenibilidad suele conducir a recomendaciones dirigidas a cada persona: consumir menos, reciclar, reparar, reutilizar o cambiar la forma de desplazarse. Estas decisiones importan, pero se producen dentro de unas condiciones concretas. Los precios, las infraestructuras, los horarios laborales, la organización del territorio y la disponibilidad de servicios amplían o limitan las posibilidades de actuar.

A partir de la obra L’écologie au quotidien, de Michelle Dobré, este texto propone observar la vida cotidiana como un espacio político y educativo. Desde la educación no formal, esta mirada permite analizar cómo se construyen los hábitos, qué obstáculos dificultan su transformación y qué alternativas pueden desarrollarse de forma colectiva. La atención se desplaza de la responsabilización individual hacia la comprensión de las prácticas y de las condiciones que las sostienen (Dobré, 2002).

  1. Vivir de otra manera tiene límites estructurales

La sociedad de consumo parece ofrecer numerosas formas de vida. Sin embargo, muchas de estas opciones son variaciones dentro de un mismo sistema. La movilidad, la alimentación, la vivienda, el uso de la energía y la organización del tiempo dependen de estructuras económicas, institucionales y territoriales que las personas no controlan de manera individual. 

El deseo de vivir de una forma más sostenible puede entrar en conflicto con la ausencia de transporte público, el precio de la vivienda, la precariedad laboral o la dificultad para acceder a productos y servicios alternativos. Las teorías de las prácticas sociales ayudan a comprender esta relación entre la capacidad de actuar y las estructuras materiales que organizan la vida cotidiana (Spaargaren, 2011; Shove et al., 2012).

En estos enfoques se critica la narrativa de la “elección verde” como si el consumo sostenible fuera principalmente un asunto de preferencia individual (Jackson 2021). Esto encaja con la ecología de lo cotidiano al recalcar que las estructuras de producción, distribución y servicios limitan seriamente las posibilidades reales de vivir de otra forma.

  1. La vida cotidiana también es un espacio político, no solo privado

El hogar, el barrio, los desplazamientos y los tiempos dedicados al cuidado suelen considerarse espacios privados. Sin embargo, están atravesados por decisiones económicas, políticas y tecnológicas. La organización doméstica, la gestión del tiempo o el acceso a determinados servicios reflejan formas concretas de distribuir los recursos y las responsabilidades. La autora sostiene que, frente a la colonización del mundo vivido, la vida cotidiana aparece como el lugar donde aún pueden emerger prácticas alternativas.

Marres (2012) muestra que la participación política también se produce mediante objetos, dispositivos y prácticas materiales. Elegir cómo calentamos una vivienda, cómo nos desplazamos o qué hacemos con los residuos implica relacionarnos con sistemas más amplios. La vida cotidiana se convierte así en un espacio donde se negocian valores, dependencias y posibilidades de cambio. Esta línea teórica enfatiza que lo político no está reservado solo a instituciones formales, sino que emerge en la gestión de los asuntos más rutinarios, tal como propone Dobré.

  1. La resistencia ordinaria forma parte de las prácticas diarias

La resistencia ordinaria no se concibe como un acto heroico o espectacular, sino como una forma de oposición pequeña, persistente y situada en las rutinas del día a día. Dobré denomina resistencia ordinaria a los pequeños gestos que cuestionan la expansión de la lógica mercantil. Reparar un objeto, compartir herramientas, reducir determinadas compras o recuperar saberes comunitarios pueden parecer acciones modestas. Su importancia reside en que mantienen abiertas otras formas de relacionarse con los recursos, el tiempo y las personas. Estas microresistencias expresan tensiones entre el mundo vivido y el sistema económico, y permiten visibilizar la capacidad de las personas para no quedar completamente absorbidas por la lógica mercantil.

De Certeau (1984) ya había destacado las tácticas mediante las cuales la población adapta, reutiliza o transforma aquello que le viene impuesto. Estas acciones no siempre persiguen un cambio político explícito, pero muestran que las personas no reproducen de forma pasiva los modelos dominantes.

La capacidad transformadora de estas prácticas depende de su continuidad, de las redes que las sostienen y de su articulación con cambios institucionales. Una iniciativa aislada puede tener un alcance reducido. Cuando se comparte, se organiza y se conecta con otras experiencias, puede generar nuevos aprendizajes y ampliar las posibilidades de actuación. En el campo de la sostenibilidad, autores como Shove (Shove 2019) muestran cómo las prácticas de consumo y de uso de objetos del día a día no son pasivas, sino que contienen elementos de agencia y adaptación que pueden interpretarse como formas de resistencia a las demandas del sistema de mercado.

  1. La sostenibilidad requiere transformar las prácticas y sus condiciones, no solo valores

La conciencia ambiental no produce automáticamente cambios en los modos de vida. Las prácticas cotidianas combinan conocimientos, competencias, objetos, infraestructuras, normas y significados sociales. Hacerlo implicaría alterar gestos cotidianos muy arraigados y enfrentarse a límites materiales: transporte, alimentación, vivienda, energía o residuos están integrados en redes de producción que dificultan cualquier esfuerzo individual. 

Una persona puede querer reducir su consumo energético, pero necesita una vivienda adecuadamente aislada. Puede desear desplazarse sin automóvil, pero requiere alternativas seguras y accesibles. Puede optar por reparar, aunque esta posibilidad depende de la disponibilidad de piezas, espacios, conocimientos y servicios. Esto muestra por qué no basta con “querer consumir menos”: el entorno social, técnico e institucional también debe hacerlo posible.

Los estudios sobre sostenibilidad doméstica muestran las contradicciones que aparecen cuando las expectativas ambientales no coinciden con las condiciones materiales de los hogares (Gibson et al., 2013). Por ello, la educación ambiental necesita incorporar el análisis de los contextos y evitar que toda la responsabilidad recaiga sobre las decisiones individuales. 

Esto refuerza la posición de Dobré de que la ecología de lo cotidiano exige no solo internalizar valores, sino también transformar las capacidades materiales y las oportunidades reales para actuar.

  1. La frugalidad y la suficiencia son cuestiones colectivas

La frugalidad propone reducir el consumo material y revisar qué recursos son necesarios para vivir dignamente. Esta perspectiva encuentra obstáculos en sociedades que relacionan el bienestar con la acumulación, la novedad y el aumento permanente del consumo. la autora analiza que la frugalidad choca con dos barreras principales. La primera es cultural: en sociedades donde el bienestar se asocia al confort y a la acumulación, reducir el consumo se percibe como una pérdida o incluso como un retroceso civilizatorio. La segunda es política: las instituciones no consideran viable promover restricciones al consumo porque temen su impopularidad. Esto deja el cambio en manos de decisiones individuales que se ven rápidamente neutralizadas por la estructura del mercado.

Además, cualquier propuesta de reducción debe considerar las desigualdades existentes. No todas las personas consumen de la misma manera ni disponen de los mismos recursos. La suficiencia no puede convertirse en una exigencia uniforme que ignore las condiciones sociales y económicas.

Los debates sobre decrecimiento vinculan la reducción de la producción y del consumo con la justicia social, la redistribución y la participación democrática (Schneider et al. 2019, D’Alisa et al., 2015). La pregunta relevante no es únicamente cuánto reducir, sino quién decide, en qué ámbitos y con qué consecuencias para los distintos grupos sociales. Estos autores argumentan que reducir el consumo puede liberar recursos y tiempo, pero que el reto consiste en cómo reorganizar la vida social sin reproducir inequidades ni imponer sacrificios desiguales entre grupos sociales.

  1. El consumo es una práctica social e histórica

El consumo suele presentarse como el resultado de preferencias personales. Sin embargo, también expresa posiciones sociales, relaciones familiares, identidades, obligaciones y formas de pertenencia. Warde (2017) plantea que consumir implica organizar y coordinar prácticas cotidianas, más allá del acto concreto de comprar.

Se explica que el consumo está en el corazón de la organización de la vida material moderna, pero que ha sido analizado sobre todo desde la economía o desde lecturas críticas que lo reducen a alienación. La autora plantea que es necesario un enfoque más complejo que observe el consumo como un espacio donde se expresan valores, tensiones, desigualdades, estrategias familiares y posibilidades de autonomía.

La dependencia actual del mercado tampoco es natural ni inevitable. Se ha construido mediante procesos históricos relacionados con la industrialización, la expansión de la producción en masa y la progresiva sustitución de formas de autosuficiencia, reparación e intercambio comunitario.

Comprender este proceso permite analizar el consumo sin reducirlo a una cuestión moral. Las decisiones cotidianas están vinculadas a modelos económicos que necesitan mantener un crecimiento continuo y estimular nuevas necesidades. Jackson (2017) cuestiona esta asociación entre prosperidad, crecimiento económico y aumento del consumo.

  1. Más bienes no garantizan mayor bienestar

La autora muestra una paradoja central: el aumento objetivo del bienestar material (más vivienda, más infraestructura, más objetos, más servicios) convive con un malestar creciente. El aumento del consumo y del confort material puede convivir con la falta de tiempo, la ansiedad, la dependencia y la pérdida de control sobre la propia vida. El bienestar no depende únicamente de la renta o de la cantidad de bienes disponibles.

El bienestar medido monetariamente no se traduce en mayor satisfacción vital. Aumenta el confort, pero también la ansiedad, la sensación de pérdida de control y el impacto ambiental. Esta contradicción refuerza la necesidad de repensar el sentido del “bienestar”, no solo su medida.

Layard (2011) analiza la distancia existente entre el crecimiento de los ingresos y la evolución de la satisfacción vital. Esta contradicción invita a revisar qué entendemos por una vida buena y qué papel ocupan el tiempo, los cuidados, las relaciones, la participación comunitaria y la seguridad material.

8. Entender de dónde surge la dependencia actual

El texto aporta una visión histórica que muestra cómo el consumo marchante se consolidó como forma dominante de satisfacer necesidades. En el pasado, gran parte de la vida material se sostenía a través de la autosuficiencia, la reparación, los intercambios comunitarios y la escasez de objetos. La expansión industrial introdujo una multiplicación de bienes y transformó la relación con los objetos, convirtiéndolos en indicadores de bienestar, identidad y progreso. Comprender esta transición ayuda a ver que la dependencia actual no es natural ni inevitable: es resultado de procesos históricos concretos.

Autores que trabajan en historia ambiental y teoría social muestran que la centralidad del consumo moderno es un producto histórico de la industrialización y de la expansión del mercado de masas (Kern 2015). Esta mirada histórica ayuda a situar la dependencia actual del consumo en procesos sociales y técnicos con origen en transformaciones del siglo XX.

Una lectura educativa desde la pedagogía social

La educación no formal ofrece espacios adecuados para abordar estas cuestiones desde la experiencia cotidiana. Bibliotecas, asociaciones, equipamientos comunitarios, huertos urbanos, grupos de consumo, talleres de reparación y proyectos vecinales pueden convertirse en lugares de aprendizaje y reflexión compartida. La educación fuera de la escuela amplía los agentes, los tiempos y los contextos en los que se construye conocimiento (Trilla, 2003).

El trabajo educativo puede partir de actividades sencillas: observar las prácticas del entorno, identificar las barreras que dificultan el cambio, recuperar conocimientos locales, intercambiar experiencias y diseñar alternativas viables. Estas propuestas permiten relacionar las decisiones personales con sus dimensiones sociales, económicas y ambientales.

La educación para la sostenibilidad adquiere así un carácter comunitario y participativo. Su función consiste en facilitar procesos de comprensión, deliberación y experimentación que ayuden a las personas y a las comunidades a ampliar su capacidad de decisión. La propia UNESCO reconoce la relevancia de los entornos informales, comunitarios y cotidianos para el aprendizaje orientado a la sostenibilidad.

La ecología de lo cotidiano permite comprender que la transformación se produce en la relación entre las prácticas, las estructuras y los aprendizajes colectivos. Los pequeños cambios adquieren mayor fuerza cuando encuentran condiciones materiales favorables, espacios de cooperación y políticas que los sostienen.

Revisar

Beck, U. (1992). Risk society: Towards a new modernity. SAGE.

D’Alisa, G., Demaria, F., & Kallis, G. (Eds.). (2015). Degrowth: A vocabulary for a new era. Routledge.

de Certeau, M. (1984). The practice of everyday life (S. Rendall, Trad.). University of California Press.

Dobré, M. (2002). L’écologie au quotidien: Éléments pour une théorie sociologique de la résistance ordinaire. L’Harmattan.

Fabiani, J.-L. (2004). L’Écologie au quotidien. Éléments pour une théorie sociologique de la résistance ordinaire, Michelle Dobré, Paris, L’Harmattan, 2002, 354 p. Natures Sciences Sociétés, 12(3), 345a–359a.

Gibson, C., Farbotko, C., Gill, N., Head, L., & Waitt, G. (2013). Household sustainability: Challenges and dilemmas in everyday life. Edward Elgar Publishing.

Jackson, T. (2017). Prosperity without growth: Foundations for the economy of tomorrow (2.ª ed.). Routledge.

Hansen, M. (2023) “rethinking consumption politics: structures, agency and everyday life.” Journal of Consumer Culture.

Kern, S. (2015) The Culture of Time and Space, 1880–1918: With a New Preface. Harvard University Press.

Layard, R. (2011). Happiness: Lessons from a new science (2.ª ed.). Penguin.

Marres, N. (2012). Material participation: Technology, the environment and everyday publics. Palgrave Macmillan.

Shove, E. (2018). What is wrong with energy efficiency? Building Research & Information, 46(7), 779–789.

Shove, E., Pantzar, M., & Watson, M. (2012). The dynamics of social practice: Everyday life and how it changes. SAGE.

Spaargaren, G. (2011). Theories of practices: Agency, technology, and culture: Exploring the relevance of practice theories for the governance of sustainable consumption practices in the new world-order. Global Environmental Change, 21(3), 813–822.

Trilla, J. (2003). La educación fuera de la escuela: Ámbitos no formales y educación social. Ariel.

UNESCO. (2020). Education for sustainable development: A roadmap. UNESCO.

Warde, A. (2017). Consumption: A sociological analysis. Palgrave Macmillan.

07 junio 2025

¿Cómo convivir con la inteligencia artificial en la universidad?

La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de nuestras vidas. Si estudias en la universidad, es muy probable que hayas probado alguna herramienta como ChatGPT, Dall·E o Gemini para inspirarte, organizar ideas o incluso resolver tareas. Pero, ¿cómo integrar la IA en tus estudios sin caer en la dependencia o el plagio?

Mickaël Bertrand, docente y autor del libro I teach with AI, propone un enfoque educativo interesante: usar la IA como aliada, no como atajo. ¿Qué significa esto? Que el uso de estas herramientas debe formar parte del aprendizaje, no reemplazarlo. Por eso, cada vez más docentes empiezan a incorporarlas directamente en clase, en actividades donde se promueve el pensamiento crítico, la creatividad o el trabajo en equipo.

Ventajas: una herramienta para personalizar y enriquecer el aprendizaje

La IA tiene el potencial de transformar positivamente la educación superior. No solo mejora la eficiencia al automatizar tareas administrativas o técnicas, sino que también permite personalizar el aprendizaje, adaptándose a los ritmos, niveles y estilos de cada persona. Esta tecnología puede analizar tus competencias, generar materiales ajustados y ayudarte a progresar con apoyo específico.

Además, facilita al profesorado el diseño de actividades, la creación de recursos didácticos (glosarios, juegos, cuestionarios, rúbricas), el seguimiento del alumnado y la implementación de metodologías activas. De este modo, se libera tiempo en el aula para lo que realmente importa: acompañar los procesos de aprendizaje y reflexión. Algunas ventajas concretas:

  • Rapidez y disponibilidad constante.
  • Apoyo en la redacción, corrección y traducción de textos.
  • Generación de tablas o esquemas.
  • Capacidad de adaptación a diferentes estilos y niveles.
  • Utilidad en tutorías o proyectos colaborativos.

Lo que necesitas saber:

🧠 No es trampa, es contexto: si bien copiar sin pensar no tiene valor educativo, el uso de IA no siempre implica engaño. Bertrand sugiere que el verdadero problema está en las tareas poco estimulantes. Si una IA puede resolverlas en segundos, quizás debamos replantearnos su utilidad.

📚 Tareas con sentido: los ejercicios que fomentan el debate, la creación de ideas propias o la colaboración entre pares te ayudarán a aprender más y mejor. Por ejemplo, simular una conversación con una IA sobre un tema polémico puede servir para ensayar argumentos y preparar un debate real en clase.

🔍 La IA no es perfecta: sigue necesitando tu criterio. Aunque puede ayudarte a generar borradores, resumir textos o buscar ejemplos, no sustituye tu mirada crítica. En algunos casos incluso puede equivocarse o generar contenido sesgado.

🛠️ Hazla parte del proceso: úsala para mejorar tus propias ideas, no para evitarlas. Puedes pedirle ayuda para estructurar un trabajo, encontrar nuevas preguntas o visualizar conceptos complejos, pero asegúrate de comprender y reelaborar lo que te ofrece.

💬 Hablemos de IA en clase: la mejor forma de aprender a usar estas herramientas de manera ética es hacerlo en diálogo con tus docentes y compañeras. Así evitamos malentendidos y se construye una cultura compartida del buen uso de la tecnología.

Límites: cuestiones éticas, sociales y ambientales

Más allá de sus ventajas, la IA plantea desafíos reales que debemos conocer y debatir en el entorno universitario. Algunos de los principales riesgos incluyen:

  • Respuestas sesgadas o imprecisas en temas sensibles o complejos.
  • Decisiones automatizadas sin supervisión humana, lo que puede vulnerar derechos.
  • Problemas de privacidad, al recopilar datos personales sin consentimiento claro.
  • Dudas sobre derechos de autor, cuando genera contenido a partir de obras previas.
  • Malos usos como la desinformación o la manipulación.
  • Alto impacto ambiental, debido al consumo de energía para entrenar modelos.
  • Riesgos laborales y dependencia excesiva, si no se desarrolla pensamiento autónomo.
  • Plagio y prácticas no éticas en contextos de evaluación.

Estos límites no deben paralizarnos, pero sí invitan a formarnos, informarnos y decidir con conciencia cómo y cuándo usar la IA. Las decisiones que afectan a personas no deben tomarse únicamente por sistemas automáticos sin intervención humana.

Aprender a convivir con la IA es parte de nuestra formación

Integrar la IA en la universidad no es una moda pasajera. Es parte del nuevo ecosistema cultural y tecnológico en el que nos toca vivir. Por eso, como estudiantes, necesitamos comprender sus potencialidades y sus límites. No se trata de elegir entre usarla o no, sino de aprender cómo y para qué hacerlo, desarrollando pensamiento crítico, creatividad y sentido ético.

La IA no nos reemplaza como personas que piensan, crean y colaboran. Pero sí puede acompañarnos si aprendemos a usarla con responsabilidad.

08 abril 2025

¿Quién conversa con las juventudes sobre inteligencia artificial? Un debate que aún no se abre

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha irrumpido en el ámbito educativo con fuerza. Las universidades, como espacios clave de pensamiento, innovación y formación, han comenzado a discutir su integración. Sin embargo, en este proceso se está repitiendo un patrón ya conocido: las decisiones se toman desde arriba, entre equipos docentes o gestores, sin contar con las voces de quienes deberían ser protagonistas del debate: las y los jóvenes universitarios.

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Estamos repitiendo la historia. Cuando se acuñó el término “nativos digitales”, muchas instituciones y familias asumieron que, por haber crecido rodeadas de pantallas, las nuevas generaciones podían relacionarse con la tecnología sin acompañamiento, sin guía, sin reflexión. Esta hipótesis —que ubicaba a la juventud como experta por naturaleza— invisibilizó desigualdades, brechas de acceso y diferencias en las competencias reales, pero también desresponsabilizó al mundo adulto de su tarea educativa. ¿No será justamente esta falta de acompañamiento crítico la que ha contribuido a algunas de las conductas nocivas que hoy preocupan, como la dependencia de los teléfonos móviles, el uso desinformado de redes sociales o la exposición acrítica a contenidos digitales? Si no creamos espacios para pensar, es muy probable que los entornos digitales se conviertan en lugares de automatismo más que de autonomía.

No se trata solo de enseñar a usar herramientas como ChatGPT o plataformas algorítmicas. Se trata de abrir preguntas. De generar espacios horizontales para el diálogo intergeneracional sobre qué tipo de sociedad queremos construir junto con estas tecnologías. ¿Hacia dónde queremos ir? 

La filósofa Kate Crawford advierte que muchas veces nos vinculamos con la inteligencia artificial desde una mirada posterior, sin una comprensión crítica previa de sus implicaciones. Esta falta de análisis anticipado contribuye a que la IA siga perpetuando desigualdades estructurales en lugar de corregirlas. En el ámbito educativo, esto se vuelve especialmente preocupante si se naturaliza su uso sin un debate abierto sobre sus consecuencias.

Desde una perspectiva ética, Carissa Véliz subraya que, sin marcos claros, la IA puede poner en riesgo derechos fundamentales como la autonomía y la privacidad, especialmente en contextos universitarios donde estos valores deberían estar garantizados. La tecnología, recuerda, no es neutral: su implementación sin reflexión puede vulnerar principios básicos de justicia y equidad. 

"Hay que diseñar mejor la tecnología para que respete los derechos humanos"(Carissa Véliz)

Karina Pedace coincide en que la IA no puede ser entendida únicamente como un avance técnico, sino como una construcción sociotécnica que debe ser analizada desde múltiples saberes. "Hay muchas cuestiones que la tecnología per se no puede responder, y sobre las que la filosofía tiene mucho para aportar", afirma. Por ello, insiste en que el pensamiento crítico debe salir del aula y traducirse en acción educativa compartida.

Cecilia Danesi, por su parte, insiste en que no podemos hablar de tecnologías inclusivas si no evidenciamos primero que muchas herramientas actuales no lo son. Para avanzar hacia tecnologías respetuosas de los derechos humanos, es necesario abrir diálogos colectivos que incluyan activamente a las juventudes, no como receptoras de decisiones ajenas, sino como interlocutoras válidas.

"Un fenómeno importante es la visión de túnel, que consiste en que nuestras posturas se radicalizan porque todo lo que vemos en las redes concuerda con lo que pensamos. El algoritmo no exhibe diversidad o divergencias, te muestra lo que quieres ver y así te quedas más tiempo conectado". (Cecilia Danesi)

En esta línea, Eurídice Cabañes propone prácticas concretas de participación juvenil en el desarrollo y reflexión crítica de la tecnología. A través de proyectos como ARSGAMES, ha demostrado que es posible fomentar el pensamiento crítico y la creación tecnológica desde la educación, integrando a jóvenes en procesos de diseño y decisión que suelen estar reservados a personas expertas adultas.

Todo esto refuerza lo que Marina Garcés señala con claridad: “La IA tiene que ser nuestro terreno de intervención, de pensamiento y de transformación del mundo”. Pero para que ese terreno no se convierta en un nuevo espacio de exclusión, es urgente preguntarnos quién lo habita hoy y quién sigue quedando al margen.

Los jóvenes no son consumidores pasivos de tecnología. Tampoco son necesariamente expertos digitales. Son personas en proceso de formación, con dudas, inquietudes y búsquedas genuinas sobre cómo habitar el mundo digital. Cuando las instituciones no están presentes para acompañar esas preguntas, cuando no abrimos espacios de escucha ni de reflexión compartida, dejamos un vacío que fácilmente es ocupado por la desinformación, el miedo o respuestas simplificadas. Luego, como personas adultas, juzgamos ciertas conductas digitales sin reconocer que fuimos ausentes cuando más se necesitaba nuestra presencia. No asumimos nuestro rol de acompañamiento, y eso también tiene consecuencias.

El desafío, entonces, no es solo metodológico ni técnico. Es profundamente político y pedagógico. ¿Seremos capaces de acompañar, abrir, dialogar y construir juntos nuevos sentidos sobre lo que significa educar en la era de la inteligencia artificial?

25 marzo 2025

Metodologías para una investigación situada: enfoques visuales, narrativos, sensoriales y comunitarios

Las metodologías que se presentan a continuación forman parte de un enfoque cualitativo que busca comprender y transformar la realidad desde la experiencia situada de las personas y comunidades. Lejos de centrarse únicamente en la recolección de datos, estas propuestas metodológicas promueven procesos participativos, expresivos y contextualmente relevantes. A través de la imagen, el cuerpo, la narrativa y el territorio, se favorece la implicación activa de quienes participan en la investigación, reconociéndoles como agentes de conocimiento. Este repertorio pretende servir como guía para educadoras, investigadoras y profesionales que desean desarrollar proyectos sensibles al entorno y comprometidos con la acción transformadora.


1. Metodologías visuales y audiovisuales

A. Producción de imagen por parte de las personas participantes.

Estas metodologías fomentan el protagonismo en la creación de contenidos visuales, favoreciendo la apropiación del proceso narrativo y la agencia expresiva.

  • Photovoice (fotovoz): las personas participantes fotografían su realidad para expresar experiencias, interpretar significados y generar transformación.

  • PhotoStories: creación de relatos visuales donde cada persona decide qué imágenes utilizar, en qué orden y con qué narrativa acompañante.

  • Vídeo participativo: realización colectiva de vídeos (guion, rodaje, edición), con finalidades expresivas, comunitarias o reivindicativas.

  • ArtStart: producción artística vinculada a un espacio o experiencia significativa, con libertad técnica y estética.

  • StoryMaps digitales: las personas construyen relatos geolocalizados usando sus propios textos, imágenes, audios o vídeos.

  • Sense of place maps: mapas personales elaborados desde la emoción, la memoria o la identidad territorial.

B. Uso de imágenes como estímulo externo (imagen como disparador).

Aquí la imagen es un recurso metodológico que sirve como detonante para el diálogo, la reflexión o el análisis compartido, sin ser necesariamente producida por las personas participantes.

  • Fotoelicitación: se presentan imágenes (tomadas por la investigadora, archivos personales, medios de comunicación, etc.) como estímulo para promover el diálogo o la interpretación.

  • RePhotography: se comparan fotografías del pasado con imágenes actuales del mismo lugar para analizar transformaciones, evocaciones o tensiones.

  • Landscape inventories: observación y documentación de elementos paisajísticos (naturales, urbanos o culturales), a menudo mediante esquemas, fotos o listados técnicos.

2. Metodologías corporales, sensoriales y espaciales

Estas metodologías ponen en el centro el cuerpo, los sentidos y la experiencia situada en el entorno. Facilitan procesos de autoconocimiento, exploración emocional, conexión con el territorio y reflexión crítica desde la vivencia directa. Son especialmente valiosas en educación emocional, salud comunitaria, identidad y ecología.

  • Mapeo corporal: representación gráfica y simbólica sobre la silueta corporal para explorar emociones, vivencias, relaciones y experiencias vitales desde el cuerpo.

  • Paseo sonoro (soundwalking): recorrido guiado con énfasis en la escucha activa del entorno, seguido de momentos de análisis colectivo a partir de mapas sonoros o relatos.

  • Walking curriculum: propuestas educativas basadas en caminar y reflexionar sobre el entorno, favoreciendo una conciencia corporal, social y ecológica.

  • Field journals y event mapping: registro personal, visual o narrativo, de experiencias situadas, a menudo durante actividades al aire libre, visitas o acciones comunitarias.

  • Landscape inventories: observación y documentación del paisaje natural y construido desde una perspectiva crítica y sensible, valorando elementos culturales, sociales y ambientales.

3. Metodologías narrativas y biográficas

Se basan en el relato de vida, la construcción de sentido y la expresión de experiencias personales o colectivas. Permiten trabajar con procesos identitarios, memoria, resiliencia o exclusión, y dan lugar a una diversidad de voces, estilos y trayectorias.

  • Línea de vida: visualización cronológica de momentos significativos de la vida de una persona, acompañada de una narración que puede ser oral, escrita o compartida en grupo.

  • A Day in the Life: acompañamiento reflexivo y narrado de un día típico en la vida de una persona, permitiendo captar las dinámicas cotidianas desde dentro.

  • Narrative fossicking: metodología que invita a descubrir y reconstruir relatos latentes o silenciados en contextos locales, desde lo sensible, lo simbólico o lo ficcional.

  • Historias de vida: reconstrucción en profundidad de una trayectoria vital, que puede integrar distintos formatos (entrevistas, diarios, materiales personales).

  • Storytelling colaborativo: creación conjunta de narrativas con grupos o comunidades, orientadas a construir memoria, identidad o conciencia colectiva.

4. Metodologías comunitarias

Estas metodologías se fundamentan en la construcción colectiva del conocimiento y la acción situada. Promueven la participación activa de las personas involucradas, reconociendo sus saberes y experiencias como base para el diagnóstico, la planificación y el cambio social.

  • Mapeo participativo: elaboración conjunta de mapas del entorno a partir de vivencias, preocupaciones o recursos, permitiendo visualizar lo que es importante para la comunidad.

  • Community inventories: identificación colectiva de recursos, fortalezas, actores y necesidades de una comunidad, a través de recorridos, entrevistas o actividades de diagnóstico.

  • Diagnóstico participativo: proceso abierto de análisis compartido que busca comprender la realidad desde los saberes cotidianos de quienes la habitan.

  • Co-investigación / peer research: investigaciones realizadas o codiseñadas con personas del colectivo que se estudia, valorando su conocimiento situado y favoreciendo su autonomía investigadora.

  • Field journals y event mapping (con registro visual): si bien pueden incluir imágenes hechas por quien investiga, estas funcionan como documentos que acompañan la observación situada.

Oportunidades y beneficios del patrimonio para los y las jóvenes

El patrimonio como oportunidad educativa y de bienestar para las personas jóvenes

La relación entre juventud y patrimonio ha comenzado a recibir atención renovada, no solo por su potencial para enriquecer procesos educativos, sino también por su impacto positivo en el desarrollo personal, el sentido de pertenencia, la salud mental y la participación cívica. Sin embargo, la evidencia muestra que el acceso de las personas jóvenes a espacios patrimoniales sigue siendo limitado, y es necesario repensar las formas de participación para garantizar que estos entornos culturales sean también suyos.

¿Participan los y las jóvenes en el patrimonio?

A pesar del potencial educativo y transformador del patrimonio, los datos muestran una menor participación juvenil en comparación con otros grupos de edad. Según la Encuesta de Participación (DCMS, 2023), en el curso 2022-2023, el 60 % de las personas jóvenes de entre 16 y 19 años participaron activamente en el sector patrimonial, frente al 73 % de personas adultas de 69 años. Esta diferencia plantea interrogantes sobre las barreras que enfrentan los y las jóvenes para acceder, disfrutar y apropiarse del patrimonio.

Más allá de las visitas escolares: romper barreras de acceso

Numerosos estudios han identificado obstáculos estructurales y simbólicos que limitan la participación juvenil. La investigación del Heritage Fund (2019) y el programa Kick the Dust revelan que muchas veces el contacto de los jóvenes con el patrimonio se restringe a visitas escolares o prácticas laborales, con escasa oportunidad de protagonismo o cocreación. Además, muchas personas jóvenes no se reconocen como público objetivo en estos espacios.

Iniciativas como Kick the Dust han tratado de revertir esta situación mediante propuestas centradas en la participación activa y significativa, reconociendo que cuando se crean oportunidades reales para implicarse, el patrimonio puede ser un poderoso motor de aprendizaje y desarrollo.

Patrimonio, desarrollo personal y voz juvenil

La vinculación con el patrimonio tiene efectos positivos en el desarrollo de competencias transversales. La participación en proyectos patrimoniales ha mostrado mejorar la confianza, las habilidades comunicativas, el pensamiento crítico, la empatía, la resiliencia, el trabajo en equipo y el liderazgo (ICRD, 2023). Estas competencias no solo refuerzan la trayectoria educativa, sino que también aportan herramientas para la inserción laboral y la participación social.

Estudios longitudinales (Fujiwara et al., 2015) evidencian que quienes visitan sitios patrimoniales o participan en actividades culturales presentan mayor probabilidad de continuar su formación en años posteriores. Para que este impacto sea significativo, es fundamental incorporar a las personas jóvenes desde el diseño de las actividades, invitándolas a definir qué consideran patrimonio y cómo desean explorarlo (ICRD, 2023).

El patrimonio como espacio de juego, identidad y comunidad

La imaginación desempeña un rol clave en la forma en que niños y niñas se relacionan con los espacios históricos (Trenter et al., 2021). Estos entornos pueden convertirse en escenarios de juego creativo, facilitando aprendizajes emocionales y cognitivos que rara vez se promueven en contextos educativos formales.

Aprender sobre el entorno histórico local también favorece el apego al lugar, es decir, la construcción de vínculos afectivos entre las personas y su entorno. Esta relación potencia la identidad y el sentimiento de pertenencia, elementos esenciales para el bienestar psicosocial (Jack, 2010; Johnston y Marwood, 2017). Programas como Escuelas Patrimoniales, impulsados por Historic England, han mostrado un impacto muy positivo en este sentido: el 98 % del profesorado participante afirmó que el conocimiento del patrimonio local fortaleció el vínculo de sus estudiantes con el lugar (BMG, 2022).

Conocer el pasado como motor de compromiso cívico

El conocimiento del patrimonio no solo favorece el desarrollo individual, sino que también puede facilitar procesos de empoderamiento y participación ciudadana. Conocer la historia del lugar donde se vive puede ser el punto de partida para una ciudadanía activa. Un estudio longitudinal con más de mil personas reveló que el interés por las raíces locales es un predictor significativo del compromiso cívico (Lewicka, 2005).

Del mismo modo, participar en talleres sobre historia local se ha asociado con una mayor disposición a implicarse en iniciativas comunitarias (Stefaniek et al., 2017). Esta conexión entre memoria, acción y justicia social ha sido señalada por Mitchell y Elwood (2012), quienes destacan cómo el conocimiento del pasado puede inspirar acciones educativas en favor de causas colectivas.

La participación cívica también mejora la calidad de vida

El vínculo entre participación comunitaria y bienestar está ampliamente documentado. Una revisión de 22 estudios (Attree et al., 2011) concluyó que las personas que participan en iniciativas comunitarias experimentan beneficios en su salud física y mental, en su autoconfianza y en sus relaciones sociales.

Más recientemente, una revisión sistemática (Pennington et al., 2018) identificó impactos positivos como la mejora del entorno local, el fortalecimiento de la confianza social y la reciprocidad. Este tipo de participación también se asocia con una visión más optimista del futuro (McElroy et al., 2021) y con experiencias significativas de socialización, aprendizaje y satisfacción personal, como ha sido documentado en estudios sobre voluntariado patrimonial (BOP Consulting, 2011; Christidou y Hanson, 2015; Power y Smyth, 2016).

Patrimonio, salud mental y bienestar

Más allá del aprendizaje formal, el patrimonio puede contribuir significativamente a la salud mental de las personas jóvenes. Estudios del Understanding Society Youth Survey (Lakey et al., 2017) señalan que visitar sitios culturales se asocia con mayor satisfacción vital y mayor autoestima, especialmente en niñas y adolescentes.

Experiencias culturales coproducidas en línea también han demostrado ser más efectivas para reducir emociones negativas que las páginas web convencionales de museos (Syed Sheriff et al., 2023). Asimismo, la conexión con el patrimonio natural, como muestra el proyecto Keeping it Wild, genera mejoras notables en salud y bienestar, con un 77 % de jóvenes reportando beneficios (Wildlife Trust, 2021).

Estos efectos se amplifican cuando el patrimonio se aborda desde una perspectiva culturalmente situada. Las prácticas de crianza que transmiten conocimiento cultural y étnico a través del patrimonio son especialmente valiosas para niños y niñas de grupos minoritarios, contribuyendo al fortalecimiento de su identidad (Huguley et al., 2019).

Conclusión: el patrimonio como herramienta de transformación social

La evidencia muestra que el patrimonio, entendido como un recurso vivo y diverso, puede ser clave en los procesos de desarrollo, educación, salud mental y participación cívica de las personas jóvenes. Pero para lograrlo, se requiere una transformación en la forma en que se diseñan las políticas y los programas: con enfoque participativo, desde una mirada intergeneracional y reconociendo la pluralidad de narrativas que conviven en los territorios.

Promover una participación activa, inclusiva y significativa en el patrimonio es también una forma de contribuir al cumplimiento del ODS 4: garantizar una educación de calidad, equitativa y pertinente para todas las personas. Pero también se alinea con una visión más amplia del ODS 11: construir comunidades sostenibles, resilientes y cohesionadas, donde el patrimonio sea un puente entre generaciones y no un territorio excluyente.

Fuente:

https://historicengland.org.uk/research/heritage-counts/heritage-and-society/ 

Referencias

BMG Research. (2022). Estudio del impacto del programa de Escuelas Patrimoniales 2022. Historic England. https://historicengland.org.uk/content/heritage-counts/pub/2022/heritage-schools-programme-evaluation-2022/

BOP Consulting. (2011). Volunteering and cultural engagement. Arts Council England. https://www.artscouncil.org.uk/sites/default/files/download-file/Culture%20sport%20and%20wellbeing%20-%20youth.pdf

Christidou, D., & Hanson, A. (2015). Volunteers in museums: A review of the literature. Museum International, 67(1–4), 45–55. https://doi.org/10.1111/muse.12087

Curtis, E., Murison, J., & Shepherd, C. (2019). Investigating Keig’s past: Co-productive research in a rural primary school setting. In Heritage as Community Research (pp. 187–208). Policy Press.

DCMS (Department for Digital, Culture, Media & Sport). (2023). Participation Survey 2022/23 Annual Report. https://www.gov.uk/government/statistics/participation-survey-2022-23-annual-publication

Fujiwara, D., Kudrna, L., Cornwall, T., Laffan, K., & Dolan, P. (2015). Análisis adicional para valorar los beneficios del deporte y la cultura para la salud y la educación. Department for Culture, Media & Sport. https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/446273/Health_and_educational_benefits_of_sport_and_culture.pdf

Grimshaw, L., & Mates, L. (2022). “It’s part of our community, where we live”: Urban heritage and children’s sense of belonging. Urban Studies, 59(7), 1334–1352.

Heritage Fund. (2019). Informe del primer año del Programa Kick the Dust del Fondo del Patrimonio de la Lotería Nacional. https://www.heritagefund.org.uk/publications/kick-dust-evaluation-year-one

Huguley, J. P., Wang, M. T., Vasquez, A. C., & Guo, J. (2019). Parental ethnic-racial socialization practices and children of color’s ethnic-racial identity development: A research synthesis and meta-analysis. Psychological Bulletin, 145(5), 437–458. https://www.mentalhealth.org.uk/sites/default/files/2022-08/MHF-state-of-a-generation-children-young-people-report-2019.pdf

ICRD (Institute for Community Research and Development). (2023). El compromiso de los jóvenes con el patrimonio: Abordar la desigualdad y otras oportunidades para las políticas públicas. https://artsconnect.co.uk/wp-content/uploads/2023/05/Young-People-and-Heritage_Final-Report.pdf

Jack, G. (2010). Place matters: The significance of place attachments for children’s wellbeing. British Journal of Social Work, 40(3), 755–771.

Johnston, R., & Marwood, K. (2017). Heritage in action: Research, communities, social justice. International Journal of Heritage Studies, 23(9), 854–867. https://doi.org/10.1080/13527258.2017.1339111

Keeping it Wild. (2021). Final Impact Report. London Wildlife Trust. https://www.wildlondon.org.uk/sites/default/files/2021-12/Keeping%20it%20Wild%20Final%20Report_Nov21.pdf

Lakey, J., Smith, N., Oskala, A., & McManus, S. (2017). Culture, sport and wellbeing: Findings from the Understanding Society youth survey. NatCen Social Research. https://www.understandingsociety.ac.uk/research/publications/524849

Lewicka, M. (2005). Ways to make people active: The role of place attachment, cultural capital and neighborhood ties. Journal of Environmental Psychology, 25(4), 381–395.

McElroy, E., Patalay, P., Moltrecht, B., & Giese, H. (2021). Community participation and wellbeing: Findings from a social network analysis in a disadvantaged region of the UK. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 56(11), 1985–1996.

Mitchell, K., & Elwood, S. (2012). Mapping children’s politics: The promise of articulation and the limits of nonrepresentational theory. Environment and Planning D: Society and Space, 30(5), 788–804.

Pennington, A., Watkins, M., Bagnall, A. M., South, J., & Corcoran, R. (2018). A systematic review of evidence on the impacts of joint decision-making on community wellbeing. BMC Public Health, 18, Article 172. https://doi.org/10.1186/s12889-018-5239-2

Power, A., & Smyth, K. (2016). Heritage, health and place: The legacies of local community-based heritage conservation on social wellbeing. Health & Place, 39, 160–167.

Stefaniek, R., Bourn, D., & Martin, F. (2017). Exploring the impact of learning about the local area and history on civic engagement. Education, Citizenship and Social Justice, 12(2), 143–158.

Syed Sheriff, R. J., Vuorre, M., Riga, E., Przybylski, A. K., Adams, H., Harmer, C. J., & Geddes, J. R. (2023). A co-produced online cultural experience compared to a typical museum website for mental health in 16–24-year-olds: A proof-of-principle randomized controlled trial. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, 57(5), 745–757. https://doi.org/10.1177/00048674221115648

Trenter, C., Ludvigsson, D., & Stolare, M. (2021). Collective immersion by affections: How children relate to heritage sites. Public History Review, 28, 1–13. https://www.researchgate.net/publication/349713655_Collective_Immersion_by_Affections


La Badalona, històries en femení

 🖥️ La Badalona, històries en femení: Diseño gráfico para visibilizar, cuidar y transformar 🎨🏙️

La Badalona, històries en femení es un proyecto gráfico comunitario, diseñado desde un enfoque participativo, feminista e interseccional. Nace del deseo de narrar las vivencias de mujeres migrantes en los barrios de la Salut y alrededores de Badalona, usando el diseño como herramienta mediadora para provocar reacciones, generar vínculos y activar procesos de transformación.

La propuesta se desarrolla en colaboración con un grupo de 15 mujeres migradas, todas ellas vinculadas a la Fundación Salut Alta, donde reciben acompañamiento, apoyo y formación en lengua. A partir de un proceso conjunto de investigación, dinámicas grupales y diseño participativo, el proyecto se transforma en una campaña gráfica urbana, un gesto activista desde las mujeres hacia el barrio para visibilizar su presencia, reclamar su derecho a pertenecer y proponer una mirada más humana y positiva sobre su comunidad.  Enlace al proyecto:  https://www.fundaciosalutalta.org/actualitat/2023/03/17/la-badalona-histories-en-femeni


🎯 Objetivos del recurso

  • Visibilizar las historias de vida de mujeres migrantes desde una mirada respetuosa y no estigmatizante.

  • Fortalecer el vínculo entre las participantes y su entorno, resignificando los espacios cotidianos del barrio.

  • Activar procesos de diseño colaborativo que den lugar a materiales gráficos útiles, sensibles y compartibles.

  • Generar recursos educativos y comunitarios que sirvan como punto de partida para otros procesos similares.

  • Promover la reflexión crítica sobre el espacio público, el género, la memoria y la identidad desde una perspectiva situada.

🛠️ Metodología desarrollada 📖🔍

La Badalona, històries en femení se construyó desde una metodología colaborativa, crítica y situada, combinando el diseño gráfico con herramientas propias de la investigación social y la pedagogía comunitaria.

La propuesta se desarrolló con 15 mujeres migrantes de los barrios de la Salut, Llefià y Sant Roc, a través de un proceso de co-creación en el que las participantes fueron protagonistas activas de cada fase.

Fases del proceso metodológico

  1. Exploración del territorio
    Observación y escucha del entorno cotidiano de las participantes, prestando atención a los espacios de tránsito, encuentro o invisibilización.

  2. Sesiones de trabajo colectivo
    Encuentros presenciales en el Casal Cívic La Salut para compartir relatos de vida, imágenes personales, objetos significativos y mapas afectivos.


  1. Diseño participativo de los materiales
    A partir del material generado, se co-crearon piezas gráficas con las protagonistas, respetando sus decisiones estéticas y narrativas.

  2. Intervención en el espacio público y devolución
    Instalación de carteles y murales en el barrio, acompañados de una exposición y un vídeo documental del proceso.


Principios metodológicos

  • Co-diseño y participación activa.

  • Narrativas personales como base del material gráfico.

  • Relación sensible con el territorio.

  • Perspectiva de género e interseccionalidad.

  • Accesibilidad y apropiación comunitaria.


🧰 Materiales educativos en abierto disponibles 🎒📲

El proyecto generó diversos materiales que pueden ser utilizados tanto en procesos educativos como en contextos comunitarios:

📘 Materiales educativos

  • Fichas gráficas con relatos personales
    Diseñadas a partir de frases e ilustraciones co-creadas con las participantes. Son útiles para la reflexión crítica y el trabajo en aula.

  • Mapa afectivo del barrio
    Representa lugares significativos desde las experiencias de las mujeres. Puede usarse para actividades sobre territorio, memoria e identidad.

  • Vídeo documental
    Resume el proceso completo del proyecto y es un recurso valioso para formaciones en diseño social, feminismo o pedagogía comunitaria.
    Enlace: https://vimeo.com/492623669

  • Carteles y murales
    Instalados en espacios públicos del barrio, recogen frases y símbolos elegidos por las mujeres. Son materiales visuales con fuerte carga emocional y transformadora.


    🔓 Materiales en abierto

    ⚠️ Aunque los materiales están disponibles públicamente, no se especifica una licencia Creative Commons. Se recomienda citar adecuadamente a la autora y no hacer usos comerciales sin permiso.


     

    📅 Cronología de desarrollo y validación 🗓️

    • 2020: Desarrollo completo del proyecto durante el contexto de pandemia.
      Las sesiones se realizaron en el Casal Cívic La Salut, con medidas de cuidado que favorecieron un entorno seguro y acogedor.

    • Validación:
      No se realizó como una fase independiente, sino como un proceso continuo basado en la participación activa de las mujeres, la escucha constante y la adaptación del diseño a sus relatos y necesidades.

    • Difusión y devolución:
      El proyecto finalizó con una exposición pública en el barrio y la instalación de las piezas gráficas en muros y calles significativas para las participantes.

    🚀 Futuras fases del recurso 🛠️🌍

    La propuesta deja abiertas posibilidades de continuidad y réplica:

    • Aplicación de la misma metodología en otros barrios o municipios, adaptándola a nuevos contextos culturales y territoriales.

    • Uso del material gráfico y metodológico como inspiración para procesos similares desde el diseño participativo y la pedagogía social.

    • Creación de guías o kits metodológicos accesibles para agentes educativos y comunitarios.

    ✨ Reflexiones finales 💭🌟

    La Badalona, històries en femení muestra cómo el diseño puede ser una herramienta poderosa para escuchar, cuidar y transformar. Al centrar las voces de mujeres migrantes, el proyecto no solo visibiliza sus historias, sino que transforma el espacio público en un lugar de memoria, presencia y reivindicación.

    Esta experiencia demuestra que:

    • Es posible construir procesos de co-diseño que respeten los saberes cotidianos y afectivos.

    • Las mujeres participantes no solo compartieron su historia, sino que se apropiaron del relato visual y simbólico del territorio.

    • El diseño gráfico, cuando se combina con pedagogía crítica, puede ser una forma de activismo suave pero profundamente significativo.

    📝 Créditos y licencias 📜🛡️

    • Autora del proyecto: Mireia Vila (diseñadora gráfica y creadora del proyecto)

    • Participantes: 15 mujeres migrantes de los barrios de la Salut, Llefià y Sant Roc (Badalona)

    • Espacios implicados: Casal Cívic La Salut, calles y plazas del barrio

    • Materiales públicos: disponibles en:

    • Licencias: No consta licencia abierta explícita. Se recomienda mencionar la autoría en cualquier reproducción.