Este artículo nace del proyecto I+D+i HEBE II, financiado por el Ministerio, centrado en identificar factores que favorecen o limitan el empoderamiento juvenil a partir del análisis de discursos y prácticas socioeducativas. En mi caso, volver a esta línea significó retomar una pregunta que atraviesa buena parte de mi trabajo: ¿qué metodologías son las más adecuadas para ayudarnos a saber cómo se construye el empoderamiento de las personas jóvenes desde las relaciones, los contextos y las oportunidades reales de participación?
El artículo analiza cómo las personas educadoras comprenden y promueven el empoderamiento juvenil en su práctica cotidiana. Nos interesaba observar qué dimensiones aparecen en sus relatos, cómo se relacionan entre sí y qué tipo de acciones socioeducativas se movilizan para acompañar estos procesos.El aspecto anexo más relevante, por mis propios intereses, es la metodología. El estudio se apoya en notas de diarios de campo y en ideas compartidas por personas educadoras en grupos focales. Estas estrategias permitieron acceder a narrativas situadas: no solo a lo que se dice sobre el empoderamiento, sino a cómo se piensa desde la experiencia profesional, el acompañamiento y la relación con las personas jóvenes. El punto limitante de este proceso es la complejidad que supone el análisis, por ser multiformato.
Los resultados muestran una tendencia clara: el empoderamiento juvenil suele leerse desde una dimensión más individual, asociada a la autoestima, la autonomía o la capacidad crítica. Estas dimensiones son importantes, pero el análisis también permite ver la necesidad de equilibrarlas con una mirada comunitaria.
En los relatos de las personas educadoras aparecen elementos que abren esa dimensión colectiva: la proximidad, el acompañamiento, la construcción de vínculos, la participación en espacios compartidos y la posibilidad de generar reflexión junto con la acción. Desde la pedagogía social, esta tensión es especialmente significativa, porque el empoderamiento no ocurre en abstracto ni depende solo de la voluntad individual. Se construye en contextos, relaciones y condiciones que pueden ampliar o limitar las posibilidades de actuar.
La aportación del artículo está en mostrar que las prácticas socioeducativas necesitan sostener ese equilibrio: fortalecer capacidades personales y, al mismo tiempo, crear espacios donde las personas jóvenes puedan participar, decidir, reflexionar y vincularse con su comunidad.
La pregunta que queda abierta es cómo generar intervenciones que no reduzcan el empoderamiento juvenil a un proceso individual, de educador a estudiante, y que permitan reconocer su dimensión relacional, comunitaria y política.
Referencia
Valdivia-Vizarreta, P., Carrera-Fossas, E., Sala Torrent, M., & Planas, A. (2025). Balancing individual and community dimensions: educators’ narratives on youth empowerment. Education + Training, 67(7/8), 737–751. https://doi.org/10.1108/ET-05-2024-0244
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