Este artículo nace del trabajo final de Máster de Laia Alguacil Mir, que después transformamos en una publicación científica. Compartíamos un interés común por el capital social, una temática que también estuvo presente en los inicios de mi tesis doctoral. Por eso, trabajar juntas en esta revisión sistemática fue una oportunidad para volver sobre una pregunta que sigue siendo muy actual: ¿cómo se construyen vínculos comunitarios en una sociedad atravesada por redes digitales?
El artículo “Redes sociales y vínculos: revisión sistemática (PRISMA) sobre el impacto del capital social en comunidades de jóvenes”, publicado en Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, analiza el potencial de las redes sociales para contribuir al desarrollo del capital social en comunidades virtuales de personas jóvenes.
Partimos de una idea sencilla: las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de la juventud y son espacios donde se crean relaciones, se comparten intereses, se construyen identidades y se articulan formas de participación. Desde la pedagogía social, esto nos interesa especialmente porque los vínculos no son un elemento secundario de la vida comunitaria. Son parte de las condiciones que permiten sostener apoyo, pertenencia, confianza, colaboración y participación.
Para analizar esta cuestión realizamos una revisión sistemática siguiendo la declaración PRISMA 2020. Se seleccionaron 18 estudios que cumplían los criterios de inclusión y exclusión. La revisión permitió observar cómo las redes sociales participan en la creación y el fortalecimiento de vínculos en comunidades virtuales de jóvenes.
Los resultados muestran que estas plataformas pueden favorecer distintas formas de capital social. En algunos casos refuerzan vínculos cercanos, asociados al apoyo y la confianza entre personas que ya mantienen una relación. En otros, amplían conexiones con nuevas personas, perspectivas y oportunidades. También pueden facilitar relaciones con instituciones, referentes o agentes que ocupan posiciones de mayor responsabilidad.
Un resultado relevante es que muchas comunidades virtuales juveniles se organizan de manera informal, sin una estructura previa, sin dinamización adulta y sin formación asociada. Esto muestra la capacidad de las personas jóvenes para generar redes, participar y sostener interacciones con sentido desde sus propias prácticas digitales.
Al mismo tiempo, el artículo permite matizar una idea frecuente: las redes sociales, por sí mismas, no generan capital social. Actúan como mediaciones. Lo que importa es la calidad de las interacciones, el sentido que las personas jóvenes atribuyen a la comunidad, la utilidad percibida de la plataforma y las posibilidades que esta ofrece para comunicarse, compartir contenidos, organizarse y participar.
Desde esta mirada, el capital social no se reduce a “tener contactos”. Habla de vínculos que pueden abrir oportunidades, sostener pertenencias, activar participación y fortalecer procesos comunitarios. En el caso de las personas jóvenes, estas dinámicas son especialmente importantes porque muchas de sus formas de expresión, organización y apoyo ya ocurren en espacios híbridos, entre lo presencial y lo digital.
La aportación del artículo está en ofrecer una lectura socioeducativa de las redes sociales. En lugar de observarlas únicamente desde sus riesgos o desde su uso instrumental, nos preguntamos por las condiciones en que pueden contribuir a generar vínculos, participación y sentido comunitario.
La pregunta que queda abierta es cómo acompañar estos procesos sin sustituir la autonomía juvenil, y cómo diseñar entornos digitales más conscientes de su capacidad para fortalecer comunidades.
Referencia
Alguacil Mir, L., & Valdivia-Vizarreta, P. (2025). Redes sociales y vínculos: revisión sistemática (PRISMA) sobre el impacto del capital social en comunidades de jóvenes. Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, (46), 210–227. https://doi.org/10.7179/PSRI_2025.46.12
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