06 mayo 2026

Metodologías participativas: No toda participación es interseccional

Esta investigación nace de una inquietud compartida con dos estudiantes de doctorado, Roberte Piqueras y Aurea Marcial y Xavier Úcar a partir del trabajo que veníamos desarrollando con metodologías activas y participativas. Durante años habíamos utilizado propuestas como la fotovoz (Photovoice), dinámicas grupales, recursos visuales, relatos y otras estrategias orientadas a abrir espacios de expresión, análisis y construcción colectiva.

Estas metodologías nos habían permitido acercarnos a experiencias, voces y saberes que muchas veces quedan fuera de los formatos más tradicionales de investigación. Sin embargo, al revisar nuestro propio recorrido apareció una pregunta que necesitábamos formular con más precisión: ¿hasta qué punto las metodologías participativas que veníamos trabajando incorporaban realmente una mirada interseccional?

La duda surgía porque, aunque hablábamos de participación, no siempre habíamos situado la interseccionalidad en el centro del diseño metodológico. Podíamos generar espacios participativos, pero sin revisar de manera suficiente cómo se cruzan distintas desigualdades dentro de esos mismos espacios. No todas las personas llegan a una investigación desde el mismo lugar, con las mismas condiciones, con la misma seguridad para hablar o con la misma capacidad de incidir en las decisiones.

La pregunta parece sencilla, pero tiene implicaciones importantes: ¿basta con invitar a participar para que una investigación sea más justa? Nuestra respuesta es que no necesariamente. La participación puede abrir espacios de diálogo, consulta o colaboración, pero eso no garantiza por sí solo que todas las voces tengan la misma capacidad de incidir en las decisiones. Tampoco asegura que se reconozcan los distintos saberes, tiempos, experiencias y posiciones sociales que atraviesan a una comunidad.

La interseccionalidad permite observar cómo diferentes ejes de desigualdad —como el género, el origen, la clase social, la edad, el territorio, la discapacidad u otras condiciones— se cruzan y configuran experiencias específicas. En investigación social, esta perspectiva no debería aparecer solo al final, en la interpretación de resultados. También puede orientar la forma en que se define el problema, se diseñan los instrumentos, se toman decisiones, se organiza la participación y se devuelven los resultados.

Para analizar esta cuestión realizamos una revisión sistemática de 46 artículos publicados entre 2018 y 2024 en contextos europeos y latinoamericanos. Los estudios revisados pertenecen a ámbitos diversos, como la educación, la salud, los estudios sociales, el patrimonio, el territorio y las prácticas culturales. El objetivo no fue comprobar únicamente si estos trabajos mencionaban la interseccionalidad, sino identificar hasta qué punto esta perspectiva estructuraba realmente sus decisiones metodológicas.

Los resultados muestran una integración desigual. Algunas dimensiones aparecen con más frecuencia, como partir de una demanda social o definir el problema con las personas implicadas. En cambio, otros aspectos se incorporan de manera más débil o irregular: el reconocimiento de saberes no académicos, la adaptación de los instrumentos a la diversidad interna de los grupos, la atención a los ritmos del territorio o la redistribución efectiva del poder sobre las decisiones, los datos y la interpretación.

Esta diferencia es clave. Una investigación puede ser participativa sin ser necesariamente interseccional. Puede incluir talleres, entrevistas, grupos de trabajo o espacios de validación, pero mantener intactas ciertas jerarquías: quién define las preguntas, qué conocimientos se consideran legítimos, quién decide qué se publica o cómo retornan los resultados a la comunidad.

Por eso, una de las aportaciones principales del artículo es la propuesta de un marco de evaluación de la coherencia interseccional. Este marco se organiza en siete dimensiones y veintiún indicadores, pensados para revisar cómo se planifican, desarrollan y comparan procesos participativos. No es una receta cerrada, sino una herramienta para hacer mejores preguntas durante todo el proceso de investigación.

Las siete dimensiones que proponemos permiten observar si la investigación parte de una demanda situada, si las personas participantes intervienen en la definición del problema, si se reconocen distintos marcos de conocimiento, si se atiende a la heterogeneidad de la población y del territorio, si se redistribuye poder epistémico, si se cuidan las relaciones y los afectos, y si el equipo investigador revisa su propia posición durante el proceso.

Este marco puede ser útil para equipos de investigación, entidades sociales, instituciones públicas y organismos que financian proyectos. Ayuda a distinguir entre una participación meramente procedimental y una participación con capacidad real de transformar las relaciones de poder que atraviesan la producción de conocimiento.

El artículo también muestra que las metodologías con mayor coherencia interseccional suelen generar beneficios más amplios: mayor apropiación comunitaria, reconocimiento de conocimientos situados, creación de espacios seguros, innovación metodológica y mayor capacidad para sostener procesos más allá del proyecto inicial.

La idea central del trabajo puede resumirse así: no toda participación es interseccional. Para que lo sea, es necesario revisar quién participa, desde dónde participa, con qué condiciones, qué decisiones puede tomar y cómo se reconocen sus conocimientos en el proceso.

En contextos marcados por desigualdades, esta mirada permite fortalecer la calidad metodológica de la investigación y también su sentido social. Investigar con otras personas no consiste solo en abrir espacios de participación, sino en construir condiciones para que esos espacios tengan incidencia, reconocimiento y capacidad de transformación.

Referencia

Piqueras-Leza, R., Marcial Manzola, A., Valdivia-Vizarreta, P., & Úcar, X. (2026). Intersectionality in participatory methodologies: systematic review and evaluation framework. Qualitative Research Journal. 1-17. https://doi.org/10.1108/QRJ-01-2026-0021

CORA: Revisión sistemática sobre la incorporación de la perspectiva interseccional en metodologías participativas (IPM). Incluye información codificada de 46 estudios publicados entre 2018 y 2024 en América Latina y Europa, en los ámbitos de ciencias sociales, educación, salud y humanidades. El dataset está organizado en tres hojas de cálculo: IPM_Framework Characteristics. IPM_Methodology and benefits. IPM_Intersectionality dimensions. El objetivo es ofrecer un marco estructurado para analizar la relación entre metodologías participativas, beneficios e interseccionalidad. https://portalrecerca.csuc.cat/dataset/doi/10.34810/data2783  

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